GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 320
Gaceta de La Solana 49 Nuestra Historia Solana encargó al alcalde ordinario Alonso Gómez y al fiel eje- cutor Cristóbal Ruiz Escudero, que buscasen un tasador, los cuales decidieron que Cristóbal Ruiz lo «trayga para que este aquí el dia de nuestra señora de septiembre y que pueda con- zertar con el tal su salario». Para los gastos y dietas de su des- plazamiento se acordó que recibiera 500 maravedíes diarios. El 16 de agosto se eligió como tasador a Miguel Barroso «perito en dicho arte», y al recibir pocos días después una notificación de Juan Ruiz Delvira, indicando que ya tenía sus tasadores, el 27 de agosto se decidió enviar a Cristóbal Ruiz a Madrid, para que trajera a Miguel Barroso para realizar el tasado de la pintura y la escultura, pues «no es necesario otro maestro para la dicha tasacion… y que este el tres de septiem- bre». El 10 de septiembre se reunieron en el ayuntamiento, los oficiales del concejo, los maestros entalladores y doradores y, los tasadores elegidos por cada una de las partes: Miguel Barroso por el concejo y la iglesia, mientras que Juan Ruiz Delvira escogió a Juan Sánchez Dávila, vecino de Toledo, para tasar la pintura y escultura y, Antonio Fernández, vecino de Ciudad Real, para la arquitectura. Se notificó a los maestros el nombramiento, los cuales lo aceptaron y juraron «hacerlo bien y fielmente» 2 . El día siguiente, el doctor Santa Cruz, en nombre de Juan Ruiz Delvira, vecino en ese momento de Almagro, presen- tó un escrito en Villanueva de los Infantes al teniente de go- bernador del Campo de Montiel, en el que indicaba que se habían realizado varias mejoras en el retablo a petición del concejo de La Solana, para que este quedara «con la perfe- cion que de presente tiene». Por ello, reclamaba que «el dicho concejo es obligado a pagarme las dichas mejorías gastos y expensas que en ello hice», solicitando que los tasadores, vie- sen las condiciones y traza del retablo, y conforme a ellas, se les abonasen las penas que se consideraran adecuadas por el exceso de trabajo realizado. Este hecho fue aceptado por el teniente de gobernador, que emitió un mandamiento en ese sentido, que a petición de Juan Ruiz Delvira fue entregado el 13 de septiembre a los ta- sadores Miguel Barroso, Juan Sánchez Dávila y Antonio Fer- nández. El 15 de septiembre, ante Cristóbal Treviño de Sala- zar, alcalde ordinario de La Solana, los pintores Pedro y Pablo de Cisneros, presentaron un escrito en el que declaraban que el dorado y el estofado del retablo «fue a nuestro cargo el qual hace muchos días que esta acabado bien y perfetamente» y los tasadores habían terminado su trabajo, por lo que era preciso que un escribano público diese fe por escrito de las tasaciones y si estaba todo conforme se les abonase el dinero que restaba. Ese mismo día, en presencia de frey Juan Carrillo, cura de la iglesia, el alcalde ordinario Cristóbal Treviño de Salazar, el al- férez Juan Salazar Pacheco y el regidor Cristóbal Rodríguez, los tasadores prestaron juramento de que una vez vistas las condi- ciones y traza en las escrituras del retablo, y estudiado el traba- jo realizado, consideraron que el valor del dorado, pintado y estofado ascendía a 854.930 maravedíes, una cantidad superior en 104.000 maravedíes a los dos mil ducados concertados, lo que acabó generando un largo litigio. En cuanto a las mejoras y añadidos, declararon que en el retablo «parece haverse aña- dido seis colunas de los lados que estan las postreras», tres de ellas en el lado del evangelio y las otras tres en el de la epístola, que estaban unas sobre otras, afectando también al pedestal y los frisos. Otra mejora realizada era los dos ladrones «questan en los remates con dos mançanas doradas questan en los alto del retablo en las orillas del». El valor del dorado y estofado de estos elementos fue tasado en 40.512 maravedíes. Los tasadores indicaron que la talla de las primeras co- lumnas «que estan sobre el banco y la talla del pedestal de la tercera orden», parece que no estaban en la traza pactada, así como algunos resaltos en los bancos y en las pilastras de los tabernáculos de los remates, donde estaban ubicadas las figu- ras de San Cosme y San Damián, y parece que «asi conbino hazerse» para que se correspondiese a las demás partes de la obra, y quedase «conforme arte buena talla y arquitetura de retablos». También dijeron que la causa del añadido de las seis columnas era para que el retablo «pudiera fenezer con- forme a la traça muy bien frisando con las paredes de la ygle- sia y guardándoles su anchura conbeniente al dicho retablo», lo cual se debía realizar para cumplir la primera condición del contrato. Todo ello fue registrado por el escribano público Diego González 3 . Un ejemplo del importante gasto y esfuerzo que se había realizado para la construcción del retablo, lo encontramos en el hecho de que al tener que pagar la iglesia el salario del tasador Miguel Barroso, que ascendía a ocho ducados diarios, informó al ayuntamiento que no tenía «dineros para pagar su salario», decidiendo que el mayordomo vendiese el trigo «de la dicha yglesia para esta necesidad», y lo comprasen los vecinos de villa para darlo al alfolí (pósito), en pago del que debían 4 . (Continuará en el próximo número) Firmas de los tasadores del retablo, aceptando el cargo 2. Archivo Municipal de La Solana (AMLS), libro 16, decretos del ayuntamiento de La Solana (1581-1587), acuerdos del 7, 16, 20 y 27 de agosto y 10 de septiembre de 1586. 3. AHN, archivo histórico de Toledo, Santiago, legajo 37.169, Pedro y Pablo de Cisneros con Juan Ruiz Delvira, sobre un retablo que había de hacer, 1589- 1593, copia de las tasaciones y reclamaciones del dorado y estofado del retablo (11, 13 y 15-09-1586). 4. AMLS, libro 16, decretos de Ayuntamiento de La Solana (1581-1587), acuerdos del 11 de septiembre de 1586.
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