GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 319

Gaceta de La Solana 5 El tema sido ni mucho menos el año con mayor número de ciudadanos inmigrantes. Irónicamente, 2008 -que vio nacer la crisis inmobiliaria en España- también trajo consigo un repunte de migracio- nes. Más de 1.100 foráneos habitaban el municipio aquel año, cifra que no bajó del millar hasta 2010. Todo lo contrario sucedió en los años posteriores, cuando los números fueron descendiendo hasta estabilizarse con el fin de la década. En total, desde el inicio de siglo La Solana ha recibido 957 vecinos de terceros paí- ses –contando aquellos que se han aca- bado yendo–, de los cuales más del 45% han llegado en los últimos seis años. En 2025 La Solana recuperaba un creci- miento demográfico que no veía desde hacía más de quince años. Sin este casi millar de personas, el municipio habría retrocedido a valores que no se veían desde la década de los noventa. Dejar atrás la incertidumbre La mayoría venían de Rumanía, como Gabriel Turcu (54 años), que vive en La Solana desde hace más de dos décadas. Confiesa que siempre quiso salir de su país natal, impulsado por las consecuencias económicas del régimen férreo comunista de Nicolae Ceaușescu (1965-89). El padre de un amigo de la infancia residía en el pue- blo, así que ambos se instalaron aquí provisionalmente hasta que pudieron traer a sus familias. Su primer traba- jo en una empresa de instalaciones eléctricas le obligaba a viajar cons- tantemente, así que apenas hacía vida hogareña. Su mujer Carmen llegó seis meses más tarde, en julio de 2002: “Al principio lo pasé muy mal, casi todo el día me quedaba en casa sola y ape- nas podía hablar español”. En 2006 Gabriel consiguió un empleo más es- table, y dos años más tarde nació su primer y único hijo, Luis Gabriel. Y es que estos movimientos migrato- rios no solo trajeron consigo a vecinos recién llegados de otros lugares, sino también a nuevas generaciones que ya comparten la cultura de varias nacio- nalidades. Es el caso de Weige Chen (23 años), cuyo pasaporte es de origen chino pero, al haber nacido y crecido en España, cuenta con un permiso de re- sidencia de larga duración. Ha pasado casi toda su etapa escolar en La Sola- na, un período que concentró la mayor parte de la discriminación que ha lle- gado a recibir. Admite que en aquella época, con tal de ser aceptada por los compañeros que la veían como una ex- traña, hasta llegó a desear no ser china. “La gente tiende a alejarse de lo que no le es familiar”, dice, y eso la convierte en un blanco fácil a la hora de recibir ‘ata- ques’. Weige recuerda que “de pequeña no tienes un sistema para filtrar lo que te dicen, solo lo recibes”. Considera cru- cial prestar especial atención a la edu- cación de los más pequeños: “Los niños aprenden lo que tienen de modelo”. En relación con esto, Ghzala tam- bién reconoce que las únicas veces que ha recibido comentarios racistas de manera directa ha sido por parte de niños. A pesar de estas experien- cias, reitera que está muy contenta de vivir en La Solana. Es más, prevé que- darse de manera indefinida. Pasó por varios trabajos temporales gracias a planes de empleo del ayuntamiento, y actualmente se encarga de la limpieza en una panadería. Fruto de su esfuer- zo, el de su familia y el apoyo de ami- gos que ha ido conociendo, hace dos años pudo comprarse una casa a la que por fin puede llamar suya. Daisy tampoco tiene pensado volver a vivir en Venezuela, aunque no puede evitar echar de menos sus raíces: “Extraño el apego de mi familia, pero mi país ya no es el mismo de antes”. Desde que vive en La Solana, ha intentado mon- tar un negocio, pero asegura que “es difícil emprender en España”. Aun así, deja claro que no piensa rendirse, ya que su sueño es vivir de su propio co- mercio. Por su parte, Gabriel lleva traba- jando en la misma empresa de insta- laciones eléctricas 20 años. Sobre sus planes de futuro, dice que “nunca se sabe lo que va a pasar”, pero que su fa- milia “está bien” en La Solana. Su hijo se graduó de bachillerato este junio, así que está a punto de dar comien- zo a su etapa universitaria en Ciudad Real. Carmen ha tenido varios traba- jos temporales a lo largo de los años, y alguno de sus familiares ha venido desde Rumanía para participar en las campañas de vendimia o aceituna. Cuando integrarse también cuesta Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística, en 2023 el porcentaje de extranjeros con empleo era prácticamente el mismo que el de solaneros de origen, en torno al 50%. Sin embargo, ese mismo año cuatro de cada diez vecinos de terceros paí- ses se encontraban en situación de pobreza severa –población con ingre- sos por unidad de consumo por deba- jo del 40% de la media– frente al 8% de españoles en la misma situación. Aunque los valores han mejorado res- pecto a 2015, cuando más de la mitad de estas personas vivía en condiciones Gabriel Turcu con su esposa Carmen y su hijo Luis Gabriel, nacido ya en La Solana.

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