GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 319

Gaceta de La Solana 4 El tema Otras raíces, un mismo pueblo Daisy, Ghzala, Gabriel y Weige: cuatro caminos desde el mundo hasta La Solana. GACETA visibiliza la rea- lidad del pequeño universo que convive, prospera y ayuda a prosperar a nuestro municipio. B lanca M aroto D aisy Cordero (46 años) sonríe con una tranquilidad pruden- te. Su vida ha estado marcada por la incertidumbre del cambio, pero ahora lo tiene claro: “Quisiera enveje- cer aquí”. Ella es una de los 37 vene- zolanos que, según el INE (Instituto Nacional de Estadística), viven en La Solana. Le ha costado mucho volver a enamorarse de España: la primera vez que llegó a Alcalá de Henares en 2006 lo pasó tan mal que tras dos años tuvo que regresar a su país. La segun- da oportunidad llegó en 2017, cuando la inflación y la presión política ex- plotaron en Venezuela. Lo intentó de nuevo, casi a regañadientes, y en con- tra de lo que temía, esta vez la vida le tenía preparado un destino mucho más amable. Fue en Villanueva de la Torre (Guadalajara) donde conoció al que hoy en día es su marido, Ángel, natural de La Solana. Un año antes de la pandemia, ambos se mudaron aquí. El tiempo continuó desenredando el resto del ovillo sin que apenas se die- ran cuenta. Pese a que algo más de la mitad de los vecinos que han migrado de otros países es de origen latino (487), La Solana alberga a una gran varie- dad de nacionalidades. Natural de Marruecos, Ghzala Atiki (40 años) tampoco tuvo un proceso fácil. La primera vez que se instaló en La So- lana fue junto a su marido y su hijo mayor, pero tuvo que dejar en el otro continente a su pequeño, un bebé de apenas seis meses: “Cada vez que sa- lía al parque y veía a niños jugando, pensaba en mi hijo y me ponía a llo- rar”, recuerda. En 2008, su familia era una de las primeras de origen marro- quí en el municipio, situación que la hacía sentirse especialmente aislada. Diecisiete años más tarde, la cifra de vecinos procedentes de este país as- cendía hasta las 109. Pese a todo, tanto Daisy como Gh- zala se sienten más que agradecidas por haber tenido la oportunidad de asentarse en este pueblo. Con el paso de los años, ambas han podido traer a todos sus hijos a vivir a su lado, e incluso a algún que otro hermano. En 2021, Daisy le prometió a la Virgen de Peñarroya que si conseguía trasladar a su hijo mayor a La Solana iría por primera vez andando al castillo. Tal vez fue una mezcla de esfuerzo y fe, pero la vida le permitió cumplir esa promesa. Ahora hace el camino todos los años, cada vez más ligera que la anterior. A principios de 2025, La Solana contaba con 960 personas de origen extranjero, alrededor de un 6% de su población total. Sin embargo, este no ha Daisy Cordero con Ángel, su marido solanero.

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