GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 320
Gaceta de La Solana 5 El Tema jetas, y lamenta que esa imagen perjudi- que a quienes sí llegaron por necesidad real. Lamenta también, y mucho, las muertes en el intento. Se hace una pregunta simple: ¿quién ha permitido que crucen la frontera ochenta mil personas? Señala a Ma- rruecos y, con más cautela, al Gobierno de España. «Algo hay que no nos han contado». Aun así, prefiere no polemi- zar, y da una razón: “Esto no va de de- rechas o de izquierdas, sino de defender la integridad territorial de nuestro país, que es España». El miedo de siempre Hay una palabra que aparece sola en la conversación: miedo. «Yo tengo 57 años y desde que tengo uso de razón, en mi familia siempre hemos tenido ese miedo». Habla de Ceuta, pero no olvida a Melilla. «Llevan mucho tiempo aban- donadas», insiste. Y ese temor a que un día se den por perdidas, que ella creía le- jano, le parece ahora demasiado cercano. «Pensaba que no lo iba a ver y, mira, me puede dar tiempo. Ojalá que no». La visita de los Reyes, el 13 de octu- bre, le trajo algo de calma. «El rey dijo que Ceuta y Melilla son España, y lo dijo allí». Además, el monarca pernoctó en la ciudad, algo que ningún antecesor suyo había hecho (Juan Carlos I dur- mió en Málaga en 2007 y Alfonso XIII, en un buque de la Armada en 1927). El gesto es potente, lo reconoce, pero Mari Carmen desconfía del decorado. Días antes, la policía había desalojado los campamentos. «Limpiaron todo, las playas, que madre mía lo que costó, y al día siguiente, otra vez…». Un ejemplo de convivencia Ceuta es hermosa por su arquitectu- ra, pero sobre todo por su convivencia. Allí coexisten cuatro confesiones: cris- tianos, musulmanes, judíos e hindúes. «Cada uno tiene su iglesia, su mezqui- ta o su sinagoga, y lo vivimos con na- turalidad». Les separan la religión, las De caballas y solaneros La Solana ha sido el refugio de Mari Carmen durante catorce años, y lo que queda. En medio de su pena, guarda un buen recuerdo de la concentración del pasado 2 de septiembre en la Plaza Ma- yor. Allí enarboló su bandera, la misma que luce en nuestra portada, y se sin- tió arropada. «Todavía me paran por la calle y me preguntan cómo va Ceuta y cómo está mi madre. Todo el mundo me pregunta por ella». En estas semanas, asegura, la mayoría de los solaneros la han apoyado. Aquel día se sintió un poco más solanera, aunque lleve san- gre caballa. Y es que esa sangre viene de lejos. Hace mucho, los pescadores ceutíes faenaban en aguas de Cádiz y volvían con las bodegas rebosantes de caballa. Desde la orilla se oía el grito: ¡Ahí vienen las caballas! En La Solana somos galanes, aunque no sepamos de dónde nos viene el apodo, pero ¿qué mejor compañía para una caballa que un galán con la puerta abierta? Mari Carmen recoge la bolsa del escu- do. Termina la entrevista. Sigue tenien- do las alas en La Solana y las raíces, en Ceuta. Mari Carmen Rodas lleva 14 años en La Solana costumbres o la forma de entender la vida; les une lo más importante, las re- laciones humanas. Se llama integración, en el más amplio sentido de la palabra. Y hay otro elemento clave: el sentimiento de pertenencia a un país. «Estos días he- mos visto a muchas mujeres con hiyab y la bandera de España. Son españoles, nacidos allí, igual que yo, y defienden al rey…». ¿La solución? «Está en manos de los políticos», subraya. Pide reforzar la frontera, y describe un espigón «muy cortito» por el que cualquiera puede colarse, y cambiar las leyes migratorias. «Son dos países distintos; eso no puede ser; esto tiene que cambiar», sentencia con rotundidad. Decíamos que Ceuta es hermosa, así que le preguntamos si invitaría a alguien a visitarla. «Ahora mismo, no», responde sin titubeos. ¿Y mañana? Entonces nos habla de otra ciudad. De una luz que no se ve en ninguna otra parte. De un azul de cielo único, rodeado de mar. De una ciudad bonita, repite hasta tres veces, como quien se asegura de no olvidarla.
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