GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 320
Gaceta de La Solana 15 Semana de la Zarzuela emoción sigue ahí. Ahora toca encon- trar nuevas maneras de compartirla. «Los códigos han cambiado y se debe modernizar, aunque siempre con pro- fesionalidad y apostar porque las admi- nistraciones públicas aporten dinero, porque si no hay presupuesto no es po- sible», advierte. La Solana, un milagro de 43 años Si hay un lugar desde el que Antonio Torres habla con especial admiración, ese es La Solana. Después de recorrer escenarios de todo el mundo interpre- tando ópera y zarzuela, su valoración del festival no responde únicamente a la mi- rada de un artista invitado. Hay también reconocimiento, conocimiento y afec- to. «Es una marca de calidad», afirma sin rodeos. Y va más allá: «No conozco dentro del género, en ningún lugar del mundo, un grupo de personas que hayan establecido durante 43 años algo así. Es único en el mundo, un milagro”. Torres conoce esa evolución desde dentro y destaca el crecimiento expe- rimentado por el festival. «La Semana de la Zarzuela ha ido creciendo con una evolución siempre a mejor», ase- gura. Entre los avances, menciona la renovación de las galas inaugurales y la incorporación de nuevas empresas con propuestas propias. También va- lora la apertura a distintas compañías, cada una con su particular manera de abordar el género. «Se ha apostado por la pluralidad en las propuestas, que ven- gan distintas compañías a presentar sus proyectos democratiza un poco más el género», explica. Esa diversidad enri- quece la programación y aúna diferen- tes formas de entender la zarzuela. El Tomás Barrera, una parada imprescindible Para Antonio Torres, actuar en La Solana se ha convertido en mucho más que una fecha señalada en el calenda- rio profesional. Es una referencia. Un lugar al que regresar con la satisfacción de saberse parte de una historia colecti- va. El Teatro Tomás Barrera representa el escenario natural de buena parte de esa relación entre el artista y el festival. Sobre sus tablas, la zarzuela encuentra cada año un espacio para reivindicar su vigencia, reunir a intérpretes de distintas generaciones y acercarse a un público que ha hecho suyo este acontecimien- to cultural. Lo expresa con rotundidad: «Todo cantante que se aprecie español o de lengua española, que haga zarzuela, y que diga que no ha cantado en la Semana de la Zarzuela de La Solana, es como que le falta algo en su currículo». Él mismo ha vivido ese peso desde distintas perspectivas. Ha cantado, ha dirigido y ha compartido con el público la responsabilidad de mantener vivo un género que exige compromiso y dedi- cación. «Es un honor, absolutamente, actuar y dirigir aquí, pero también una gran responsabilidad», reconoce. El salto internacional que viene La trayectoria de la Semana de la Zarzuela invita a mirar hacia delante. Y Antonio Torres considera que ha llega- do el momento de dar un nuevo paso: reforzar su proyección internacional y convertir el reconocimiento acumulado en una presencia más visible fuera de nuestras fronteras. «Hay que darle un carácter internacional», defiende. No habla de una aspiración impo- sible, sino de una oportunidad real. A su juicio, La Solana ya cuenta con una posición consolidada y tiene los medios necesarios para afrontar el desafío. «La Solana tiene ya la posición y las herra- mientas para internacionalizarse como semana de prestigio mundial de zarzue- la, y hacer que eso sea más visible para que ayude al género», sostiene. Su propuesta parte de una convic- ción: el festival ha demostrado que puede crecer y adaptarse. Ahora debe proyectar ese trabajo hacia el exterior, ampliar su alcance y contribuir a que la zarzuela gane visibilidad en nuevos es- cenarios y públicos. Los motivos para el optimismo están en la propia evolución de la cita. Torres habla de «una evolu- ción muy esperanzadora en la que se ha dado un salto cualitativo y cuantitati- vo». La Solana ya tiene una historia que contar. El siguiente reto es conseguir que se escuche cada vez más lejos. Una vida entre partituras y personajes En el terreno de las preferencias per- sonales también hay espacio para la emo- ción. Si tuviera que quedarse con una obra de todo el repertorio lírico, Antonio Torres elegiría La tabernera del puerto . Y si hablamos de una romanza, se queda con El Sembrador , de La rosa del aza- frán , una pieza que conoce bien y que mantiene un significado especial para él. «No solo es musicalmente maravillosa, sino que su letra me llega muy al cora- zón», confiesa. Entre los compositores, su elección es Pablo Sorozábal, mientras que, al recordar a los grandes barítonos, menciona a Manuel Ausensi, una de las voces más destacadas de la historia de la zarzuela y que también cantó en La Sola- na. Son nombres, obras y recuerdos que dibujan una trayectoria construida desde la pasión por la música y el respeto a los personajes. Una carrera en la que cada es- cenario ha dejado su huella y en la que La Solana ocupa un lugar propio. Antonio Torres sigue mirando al futuro con la curiosidad de quien aún encuentra nuevos retos en cada papel. Cree en la zarzuela, en su capacidad para emocionar y en la necesidad de abrirla a otras generaciones. Y cree, también, en el potencial de un festival que ha sabido convertir la constancia en prestigio. El barítono malagueño ha cantado muchas veces en La Solana
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