GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 316

Gaceta de La Solana 52 Caminar y contar E ntre los muchos recados -solíamos decir “mandaos”- que se hacían en tiempos inolvidables, estaba ir a la far- macia. Imponía, pero había que echarle valor porque tampoco la serpiente mordía. Alegres y curiosos, entrábamos a por una caja de Juanolas, Tosiletas -muy de chupar también- esparadrapo -que se usaba mucho-, o ya más serio, con una receta del médico pedíamos una caja de inyecciones porque necesitábamos calcio… Nos sabíamos de sobra el nombre del farmacéutico, siempre con el don delante, naturalmente. Recordamos todas las farmacias que hubo en La Solana por aquellos años 60 tan típicos, y más o menos felices. Y nos alegra que algunas sigan en el mismo sitio y hasta con nue- vas generaciones que siguieron la carrera de sus progenitores. Ahora, vemos a personas jóvenes, todos con su bata blanca, y muchas mujeres. También las farmacias son otras, donde uno entra de otra manera. Hay más… claridad y muchos produc- tos que nos gustan y los compramos siempre con los consejos y explicaciones de tantos buenos profesionales. Una farmacia es siempre un centro de ayuda, de ánimo, de curarnos tantos males ¡Cuántas veces fuera de nuestros lares, en pueblos o playas, nos vemos en la necesidad de buscar una farmacia! Allí, en aquella esquina, “se ve el le- trero”, decimos confortados en momentos delicados. Dios las bendiga. Guardamos dos reliquias de sendos farmacéu- ticos que conserva nuestro paisano y amigo Pedro Mar- tín-Zarco, último dueño de los Baños de San Isidro. El pri- mero es un certificado sobre la inauguración el 21 de junio de 1927 del Refrescadero de San Isidro, su nombre original, firmado por don Rafael Luna Castillo, dando por bueno el estado de las aguas. Fueron sus fundadores don Agustín Mulas Morales y doña Florentina, su esposa. Fue un ver- dadero éxito, con San Isidro en su fachada. Venía gente de otros pueblos para curarse el reúma. El otro acta lo firmaba don Francisco Serrano de la Cruz, de quien recordaran su farmacia en la calle Carrera. Era, además, escritor y poeta en las publicaciones locales. Hablábamos de generaciones de farmacéuticos y conoce- mos en Alcalá la farmacia de Huerta, al lado de la Plaza de Cervantes, que acaba de celebrar 120 años, cuatro generacio- nes. Nunca cesó su actividad, ni siquiera en plena guerra civil a pesar de que a pocos metros cayó una bomba. Nos contaba un nieto del fundador que don Javier Huerta estudió Farma- cia en la Universidad Central de Madrid, adquiriendo expe- riencia en Villanueva de los Infantes tras pasar por Villarino (Salamanca) y regresando a la ciudad en 1905. Y nos vamos a los años 60 para terminar el recorrido. Nuestro padre, en uno de sus muchos viajes por La Mancha, “descubrió” en Villanueva de la Fuente a don Faustino Cerro Castillo, decano de los farmacéuticos españoles. Era febrero de 1964 y, naturalmente, lo puso en la prensa. Guardamos dos recortes de una página y pico, y otro casi de media en el Diario de Navarra y en Cooperación Farmacéutica , revista de Madrid, donde cuenta vida y milagros, que alguno hizo. Llegó a centenario y ejerció su honrosa profesión 66 años, primero en Torre de Juan Abad, donde luchó contra el cóle- ra que diezmaba la villa y salvó vidas; dos niños estuvieron a punto de perecer a causa de una tromba de agua que se originó. Contaba que para él era fundamental el laborato- rio, hacer análisis como antaño; le enamoraba trabajar a la antigua usanza. Tenía dos hijos que confesaban que la po- mada que le aplicaban para el reúma era de su invención. El heroico don Faustino, farmacéutico o un héroe de leyenda, tituló el cronista en sus historias. Muchas gracias siempre a las farmacias. Luis Miguel García de Mora A las farmacias Certificación del agua del Refrescadero San Isidro (baños de Frasco). Aquellas viejas boticas...

RkJQdWJsaXNoZXIy NTEwODM=