GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 316

Gaceta de La Solana 50 Colaboraciones Biscúter que hizo el tour por Italia. Los hermanos Manolo y Modesto Navarro realizaron el audaz viaje. E n la Semana Santa de 1958, mis hermanos, Manolo y Modesto Nava- rro, con 28 y 25 años, a bordo de un Biscúter, tuvieron la genial osadía de hacer un viaje desde La Solana hasta Nápoles en tan precario medio de locomoción. Era este miniauto lo más parecido a una alparga- ta con ruedas de carretilla, y provisto de un motor Hispano Villiers de dos tiempos con 197 c.c., un cilindro y 9 caballos y una velocidad máxima de 70 km hora. En lla- no, claro. Era éste un motor para motoci- cletas, que luego se adaptó a los famosos motocarros, el más popular medio de mi- nitransporte en España. Su carrocería era de aluminio sin pintar, con un duro asiento corrido de plástico y una capota plegable del mismo material. Minimalismo puro. Carecía de marcha atrás; simplemente lo levantabas de la parte trasera y le dabas la vuelta. Para semejante periplo, Federico el chapista lo pintó de un rojo fuerte y le construyó dos puertas de chapa -carecía de ellas- en las que yo dibujé un mapa de todo el trayecto, para que quedara fiel constancia de la hazaña. En total, recorrie- ron unos 4.500 km. Desde La Junquera, pasaron al sur de Francia y accedieron a Ginebra en Suiza. De allí, a la Región de los Lagos, el de Como y el Magiore en Italia, para llegar a la gran Milán, luego a la magnífica Florencia, Pisa y la inevitable Roma, donde tuvieron la opor- tunidad en la plaza del Vaticano de acceder a una de las salidas a su ventana del Papa Pío XII para la bendición. Como final de eta- pa, la bulliciosa Nápoles. Y la vuelta Génova, Mónaco, Niza, Marsella y España. En aquella época, nada comparable a la actual, no hubo comunicación directa, sólo las postales que enviaban y que la mayoría llegaban tras su vuelta. No existía Google De La Solana a Nápoles en un Biscúter Maps y se tenían que valer de los mapas locales de las gasolineras. Sí fue patente la admiración de la gente local al contemplar semejante aventura. Recuerdo un artículo que salió en el periódico Lanza , e incluso un suelto en el ABC . Que yo recuerde, no tuvieron muchos contratiempos mecánicos; sólo al cruzar los Alpes se quemó el embrague, cuyo disco estaba compuesto por corchos. La solución fue desmontarlo y comprar cor- chos de botellas para adaptarlos al disco de fricción. Como anécdota, un señor muy educado se empeñó en comprarles el cacharrito, tanto es así, que volvió de su casa con un paquete de liras empeñado en hacer la transacción. Con seguridad que hubo algún inevitable pinchazo, tras tantos kilómetros. También en Nápoles, cuando volvieron de hacer una visita, se encontra- ron con una caterva de críos subidos en él Biscúter y tuvieron serios problemas para evacuarlos. Estaban en Nápoles… Luego, al repostar gasolina en Francia, no llevaban suficientes francos y le dieron al del surti- dor unos duros de Franco, de aquellos que eran tan grandes, haciéndole comprender que al cambio eran muchos francos. Y de esta guisa tornaron bien a La Solana, donde sin duda terminaron esta increíble odisea por tierra, jamás igualada. Pedro Navarro

RkJQdWJsaXNoZXIy NTEwODM=