GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 320

Gaceta de La Solana 7 Semana de la Zarzuela Gigantes y cabezudos: cuando la suma funciona S i una apuesta salió bien con Las Leandras, el día anterior llegó Gi- gantes y cabezudos , un clásico del género. La obra de Fernández Caballero, ambientada en la Zaragoza de finales del siglo XIX con la guerra de Cuba como telón de fondo, llenó el auditorio por la tarde y lo rozó por la noche. Pero lo que queda en la memoria no tanto el título como la fórmula: Materlírica España, compañía profesional, compartió esce- nario con los aficionados de la ACAZ. Mezclar profesionales y aficionados puede salir mal si se hace por inercia; no si se pone cabeza. Bajo la dirección musical de Pablo Gutiérrez y la escé- nica de María José Molina, los coros, solistas y actores genéricos solaneros convivieron con el oficio de la compa- ñía. Petri Casado debutó como Pilar, José Manuel León fue Jesús en roles principales. No fue fácil asumir el deje aragonés, eso sí. Las voces femeninas brillaron en Si las mujeres mandasen y las masculi- nas alcanzaron su mayor hondura en el Coro de Repatriados . La lengua de signos y los novedosos subtítulos en Las Leandras: Innovar sin desnaturalizar L a decisión más audaz de esta 43ª Semana Nacional de Zarzuela fue programar Las Leandras . El 18 de octubre, la revista que Francisco Alonso escribió en 1931 para Celia Gá- mez pisó por primera vez el auditorio Tomás Barrera, de la mano de la Com- pañía Dolores Marco. No es zarzuela en sentido estricto, pero sí una pariente cercana, con aires de «zarzuela chica». el frontal superior del escenario en las partes cantadas, completaron una pro- puesta que demuestra cómo la cola- boración enriquece a la Semana de la Zarzuela Escena de Gigantes y cabezudos en La Solana Las Leandras triunfó en el Tomás Barrera Apostar por ella acabó siendo un acier- to. La función de tarde colgó el cartel de lleno, con buena entrada en la sesión de noche. El público se rindió ante un montaje sobrio, con decorados sencillos y una pantalla con imágenes del Madrid castizo que situaba la acción y mantenía el ritmo. El enredo de Concha, que con- vierte un antiguo burdel en internado de señoritas para engañar a su tío, re- sultó creíble gracias a un reparto gené- rico y unos secundarios precisos. Alicia Montesquiu fue una Concha resuelta y Lorenzo Moncloa –también director es- cénico, un Pichi con chispa, con César Belda en la dirección musical. Los nar- dos (Por la calle de Alcalá…) fue corea- do por la sala y bisado a petición desde el foso. Ahí está la lección: la Semana puede abrirse a la revista sin perder su esencia. Innovar sin desnaturalizar, apostando por obras menos habituales que tam- bién llegan al público, fue un éxito del que todos salieron ganando.

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