GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 319
Gaceta de La Solana 48 Editorial Llegada de la Virgen de Peñarroya a La Solana. A vueltas con nuestra Virgen S oy poco dado a opinar y escribir sobre política o reli- gión. Lo primero, porque donde habito sería motivo de dimes y diretes. Y, lo segundo, porque soy de natu- ral bastante escéptico aunque, en algunos casos, también me alcanza la incertidumbre. Viene a cuento la entradilla porque en una reciente cena familiar, mi cuñado, Manuel Chaparro, me contó que él, su hermano Paco, y el padre de ambos, Manolo Cha- parro, colaboraron con otros cofrades de la Virgen, tales como Vicente Flores, Paulino (del molino de Lima ), Pa- quito Jarava y demás, en la creación de un altar o descan- sadero donde colocar a la Virgen de Peñarroya, tras su llegada desde el Castillo y entrada en La Solana. Esto fue en 1973, el año en que se cambió el trayecto desde el tra- dicional camino viejo, tan bronco y polvoriento, por la ya alquitranada carretera del Tomelloso. Lo erigieron, con permiso de la propiedad, en una era o lugar de los Chumena ; y aquí viene lo curioso: decidieron colocar en la entraña del altarcillo albarrano una “cápsula del tiempo”: un testigo secreto con cosas y casos de aquel momento. Así, los cofrades signantes del acta, dejaban un recuerdo para el futuro -que previeron muy, muy lejano-. Como quiera que no dispusiesen de ningún cofre donde soterrar los datos, acudieron a una solución tan econó- mica como eficaz ante humedad, lluvia y calor: los metie- ron en una gran botella de vidrio que velar í a el paso del tiempo. Tuvieron poco acierto con la previsión porque veinte años después, el crecimiento del caserío del pueblo por aquella zona rasa requis ó el emplazamiento del altar , que fue demolido, y nada sabemos de aquel testimonial men- saje oculto en la botella. De hecho, sólo en la memoria de mi cuñado y de su hermano, que eran adolescentes en el acto primitivo, quedan retazos del momento. Aunque pa- rece ser que consta todo aquello en el acta que levantó su padre que, a la sazón, era el miembro/escribano de la cofradía. Mejor memoria y detalle les ocupa -en el mismo año- el trasunto del ajuste, en el taller de cerrajería de su padre, Manolo Chaparro, del cochecillo para mover a la Virgen. Sustituyendo así el tradicional esfuerzo de cofrades y vo- luntarios de trasladarla en andas. Ventajoso remedio que cupo a la prodigalidad de Paquito Jarava, que regaló un Citroën 2Cv de su garaje, para que se aprovechara el muy estable subchasis del vehículo, como cureña donde poder afianzar el párvulo camarín viajero de la Virgen. Como es lógico, el relato de la noticia, pese a la falta de datos rigurosos por la lejanía en el tiempo -53 años- y la corta edad, entonces, de los dos muchachos, merecía ser contada... Y mira por donde, uno, que es algo literato, aun- que bastante laico y con poco apego a los asuntos eclesia- les, mantiene -y Ella sabe por qué- con la totémica Virgen de Peñarroya un filial, tenaz e irredento afecto solanero. Y, eso que sé que es una más entre la vasta nomenclatu- ra de las advocaciones marianas que, en todo el mundo, pasa de 1.100, y de las que España aporta una retahíla de varios centenares, siendo las 8 autonómicas las que man- tienen un pabellón más nutrido y ecuménico. Aunque eso a mí ya no me importa. Porque yo sé que soy de un pueblo galán... ¡Y no me gusta Voltaire ¡ Además, a estas alturas de mi vida, qué queréis que os diga... Pues si no lo sabeis, lo confirmo: Siempre seré tercamente so- lanero y prosélito leal de nuestra ¡Virgen de Peñarroya! Jesús Velacoracho Jareño Vilafranca del Penedès Colaboraciones
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