GACETA DE LA SOLANA 318 - MAYO - JULIO 2026

Cultura Antonio García-Catalán en el auditorio Don Diego. “1, 2, 3, 4 y 5”, cuando la amistad se hace refugio El grupo teatral Masa Madre crea su primer cortometraje, con guion y dirección de Antonio García-Cata- lán: “Hemos reído y también hemos llorado”. Pedro Reguillo ha compuesto la banda sonora. G abriel J aime A ntonio García-Catalán lleva años vinculado a las artes es- cénicas. Como él mismo dice, ha pasado por el cuento y el relato. También ha tropezado con la nove- la. Pero lo que más le ha cautivado, ha sido el teatro. De su puño y letra, han brotado decenas de textos, de todos los formatos, susceptibles para terminar encima de un escenario. Su vasta trayectoria incluye proyectos con colectivos diversos, entre ellos usuarios de centros ocupacionales, una experiencia que le ha permitido explorar el teatro como herramienta de inclusión y expresión social. Aho- ra, ha dado el salto a la pantalla con otra original propuesta. El pasado 5 de junio, y con la sala del cine municipal abarrotada, estrenó el cor- tometraje ‘1,2,3,4 y 5’, su primera produc- ción audiovisual como director y también el debut cinematográfico de la Asocia- ción Cultural Masa Madre que él mismo preside. El colectivo surgido a partir del grupo artístico y literario Pan de Trigo, ha demostrado una capacidad creativa poco común en apenas dos años de existencia. Conviene recordar que nacieron inicial- mente como un taller de teatro, pero la respuesta de participantes fue tan entu- siasta que pronto evolucionó hacia una entidad independiente con vocación ar- tística propia. Antonio ha tenido mucho que ver en esa transformación. Entre una larga retahíla de obras ori- ginales escritas, tenía un guión guardado durante años en un cajón, que decidió darle vida con su nueva familia artística. Así se fraguó el corto, que comenzó hace un año como una iniciativa lanzada casi al pasar y terminó convirtiéndose en una flamante aventura cultural. Ensayo-error Y es que el proyecto se construyó desde la experimentación. Todos co- nocían la historia general, pero tenían libertad para explorar situaciones, diá- logos y emociones. Algunas de esas aportaciones espontáneas terminaron incorporándose a la versión final. “To- dos improvisábamos en todo momento. Incluso los papeles femeninos los ha- cían los hombres y viceversa”, explica el director. El objetivo era descubrir qué podía aportar cada participante hasta que los personajes acabaron encontran- do, casi de manera natural, a sus intér- pretes definitivos. La elección del reparto también fue bastante curiosa, según el director. “Dado que los protagonistas principales del cor- tometraje son residentes de un geriátrico, el casting se hizo en base al DNI. El que diera perfil de jubilado, tendría un papel”, dice entre risas. La idea había sido con- cebida inicialmente para personajes con discapacidad, pero el grupo comprendió que las cuestiones relacionadas con la dependencia y la autonomía podían tras- ladarse perfectamente al universo de las personas mayores. La fuerza de los vínculos en la vejez La historia en cuestión sigue a cinco amigos que viven en una residencia de mayores. Cuando uno de ellos necesita realizar un viaje al pueblo donde trans- currió su vida, los demás deciden acom- pañarlo. El desplazamiento se convierte entonces en algo mucho más profundo que una simple excursión. La cinta es una reflexión sobre la amistad, la dependen- cia, la soledad, la familia, la dignidad de las personas mayores, y también aborda cuestiones relacionadas con la demencia o el Alzheimer. “Es una oda a la amistad entre personas que, lejos de sus hogares y en muchos casos de sus familias, encuen- tran en la convivencia una nueva forma de apoyo mutuo”, confiesa el realizador. Temas que dotan al relato de una carga emocional, algo que transmite muy bien el elenco. “Hemos reído y también hemos llorado porque hay momentos muy emo- tivos. Tengo que decir que los llantos que se ven en el corto son reales, y eso provo- có que todo el equipo terminara llorando”. San Carlos del Valle se convirtió en el gran escenario de esta aventura. Sus ca- lles, su emblemática plaza y la residencia de mayores La Casa Grande fueron los principales espacios de rodaje. El pueblo no solo prestó sus rincones, también se implicó en el proceso. Vecinos que dete- nían momentáneamente sus actividades, colaboradores que controlaban el tráfico para evitar que un coche arruinara una toma y voluntarios dispuestos a realizar cualquier tarea necesaria formaron parte de una experiencia que trascendió lo ci- Gaceta de La Solana 82

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