GACETA DE LA SOLANA 318 - MAYO - JULIO 2026
Colaboración Josefina Carabias y La Solana G ran acierto de Gaceta de La Sola- na en su número 47 (septiembre de 1984) de haber reeditado el reportaje “El amor en un pueblo de La Mancha”, publicado en la revista Estam- pa en 1933, y firmado por la periodista Josefina Carabias. Aunque su rica perso- nalidad y extensa trayectoria darían para llenar muchas páginas de nuestra revista, pues no en vano rompió moldes y fue la primera periodista que vivió de ello, una de las primeras locutoras en Radio Ma- drid y la primera mujer trabajando en los Estados Unidos para tres periódicos, nos ocuparemos en este espacio de la colabo- ración que la trajo a La Solana un caluro- so día de 1933. No había finalizado aún sus estu- dios de Derecho cuando debutó en la revista Estampa en 1929, con un escrito sobre las mujeres en la Universidad. A partir de entonces, comenzaría a colabo- rar más asiduamente y se haría tremen- damente conocida. En Madrid ya era famosa a los 24 años; en una ciudad de un millón de habitantes, dicha revista te- nía una tirada de 200.000 ejemplares, un moderno diseño gráfico, copioso conte- nido fotográfico y técnicas de impresión avanzada. Y costaba 30 céntimos, mien- tras que algunas de sus competidoras llegaban a costar 1 peseta. Si Josefina Carabias estuvo vinculada a Estampa hasta 1934, “El amor en un pueblo de La Mancha” debió de ser uno de los últimos publicados. Es un reportaje, modalidad que cultivó frecuentemente, en el que aparece dentro del texto como reportera y habla con la gente. Ante el costumbrismo y la actua- lidad que aquí descubrió, es importan- te señalar que en sus años en Madrid experimentó los aires de modernidad que se respiraban en la capital y que la llevaron a defender la igualdad de las mujeres y a mostrar siempre sus con- vicciones igualitarias. “Cae el sol sobre La Mancha seca, desamparada…”. Y por aquello de que Solana viene de sol, el nombre del pueblo, La Solana, acentúa para ella esas sensaciones de aire cálido y sed, tan difíciles de sobrellevar en ve- rano. Con su prosa amena elogia, cómo no, la plaza: “Lo más bonito del pueblo es la plaza Grande, despejada, encua- drada por casas de inmensos balcones corridos y rodeada toda ella de soporta- les con arcos majestuosos. En un ángulo de la plaza está la iglesia.” Precisa que “es la hora de salida de misa” y narra y describe con maestría una estampa habitual durante luengos años: “Bajo los soportales, tomando la sombra -no sabemos si hay ironía- se ven varios grupos de manchegos con sus blusas negras que les llegan hasta las ro- dillas. En una esquina hay parados dos carros de mulas.” Tras la introducción, y bajo un primer epígrafe ilustrador del tema de su crónica “A la Felipa… cin- cuenta duros”, nos sitúa en un portal penumbroso en el que cosen las mozas y las viejas y que le cuentan que los novios, cuando van a casarse, dan dinero a las novias para el ajuar. Sigue otro epígrafe condicional: “Si no hay cuartos, no hay novia”, tras el que escribe: “En La Solana no es el amor tan fácil como en el resto de España. Cuando un mozo de La Solana se siente irresis- tiblemente atraído por una joven de la misma localidad y, aunque le falten años para casarse, tiene que pensarlo bien antes de decidirse a declararle su amor, porque en La Solana el problema senti- mental trae consigo un grave problema económico para los hombres”. Carabias piensa que se declaran en el baile, pero las mujeres le dicen que solo hay baile de jota y que si la muchacha accede a dar el sí la primera noche que él va a la venta- na, tiene que entregarle los duros o los billetes. De veinte duros a mil pesetas los pobres y tres mil pesetas los ricos. Va acompañada esta presentación de una fotografía de dos de las mujeres en el portal. Y más preguntas y respuestas que merece la pena transcribir: - Pero, ¿y si el novio no tiene nada? - Pues espera a tenerlo para buscar novia. ¿Y si son ellas las que le dejan? -Eso pasa pocas veces. De m dijeron -comenta una- que me hab a puesto a “hablar” sin recibir nada. Tuve que coger los billetes y ense- ñá rselos a todo el que quiso. La cantidad de dinero es como un tributo a su hermosura y a su decoro, una manera de “darse a valer”, sintetiza la periodista. Es de destacar que no solo entretenía e informaba con estos repor- tajes, sino que trataba de formar opinio- nes y actitudes positivas hacia la emanci- pación femenina. LUEGO…MÁS DINERO Me va acompañando hasta la fonda del pueblo una mocita espigada, de gran- des ojos negros. -La fonda está allí. Si no le importa que demos la vuelta por aque- lla otra calle… Podría encontrarme con mi novio y aquí está muy mal visto que los novios se encuentren en la calle. Aquí no se puede hablar con el novio más que de noche por la ventana. 1933. Junto a los avances en el pro- greso social y profesional de las mujeres españolas durante la II República, pone en evidencia las continuidades que im- Josefina Carabias fotografiada en el año 1931 Gaceta de La Solana 120
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTEwODM=