GACETA DE LA SOLANA 318 - MAYO - JULIO 2026
Recogida de rosa en La Solana — Foto Juan Pedro García. El azafrán de La Mancha no vive de titulares L a escalada de tensiones en Orien- te Medio, con epicentro en Irán, ha reactivado un discurso tan re- currente como simplista: el de que cada crisis internacional supone automática- mente una oportunidad para el campo español. En el caso del azafrán, algunos titulares han ido aún más lejos, sugi- riendo que la incertidumbre sobre el principal productor mundial abre una ventana de crecimiento para el Azafrán de La Mancha. Conviene, sin embargo, introducir algo de rigor. Reducir una realidad compleja a una supuesta “oportunidad” es, como poco, precipitado. Los mercados del azafrán no funcionan como vasos co- municantes inmediatos. El producto importado y el azafrán amparado por la marca de calidad DOP Azafrán de La Mancha responden a lógicas distintas en cuanto a calidad, trazabilidad y po- sicionamiento. Pensar que un conflicto geopolítico puede traducirse de forma directa en una mejora de las condicio- nes para los productores manchegos no solo es ingenuo, sino que desvía la atención de los verdaderos problemas. Porque si algo pone de relieve el ruido mediático actual es, precisa- mente, la invisibilidad estructural de este cultivo. El Azafrán de La Mancha es uno de los grandes embajadores de la Marca España, su prestigio como producto agroalimentario español está fuera de toda duda, pero es tam- bién uno de sus grandes olvidados. Lo es, entre otras cuestiones, porque cada vez somos menos los agriculto- res y agricultoras que lo trabajamos, porque durante décadas se ha con- siderado un complemento a la renta agraria y porque, mientras tanto, el mercado de importación ha seguido funcionando con eficacia, y a veces con “picaresca”, cubriendo la deman- da y creciendo. Los datos son elocuentes: España ha pasado de ser un productor relevante a niveles casi testimoniales. Y no por una única causa, sino por la combinación de varias: la enorme dependencia de mano de obra en periodos muy cortos, la falta de mecanización, los problemas sanita- rios de los cormos, el impacto del cam- bio climático y, sobre todo, la ausencia de una apuesta decidida por parte de las administraciones. Ese es el verdadero debate que de- beríamos estar teniendo, al menos en Castilla-La Mancha y en lo que a la Denominación de Origen Azafrán de La Mancha respecta, por qué un culti- vo con siglos de historia en La Mancha ha llegado a una situación límite. Por qué seguimos trabajando con esquemas productivos del pasado. Y por qué no se han articulado políticas públicas que incentiven su cultivo, como sí ha ocu- rrido con otros sectores. Hablar hoy de azafrán es una opor- tunidad, sí, pero no en el sentido que sugieren algunos titulares. Es una opor- tunidad para exigir inversión en inno- vación, avanzar en la automatización de procesos, mejorar la sanidad vegetal y hacer atractivo el cultivo para nuevas generaciones. Es una oportunidad para reforzar los controles de mercado y ga- rantizar al consumidor que sabe lo que compra. El Azafrán de La Mancha no necesi- ta conflictos internacionales para jus- tificar su valor. Necesita compromiso, visión de futuro y una apuesta real por un cultivo que forma parte de nuestra identidad. Todo lo demás es ruido. Valentina Cabra Carrasco Presidenta de la DOPAzafrán de La Mancha Colaboraciones Gaceta de La Solana 118
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