GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 317

Gaceta de La Solana 52 Caminar y contar Las entrañables cruces de mayo H emos visto una cruz de mayo, varias, y aunque haya sido en fotografías, nos ha transportado de pronto a la niñez, a la tradición llena de gloria, emoción y perfume de la pri- mavera en La Mancha. Creemos que es una de las costumbres que más perdura por lo que hemos oído o leído, aunque ya día, que siempre había algún muchacho, o varios, que nos invitaba al grupo a visi- tar la cruz que habían vestido en su casa. ¡Qué pena que no tuviéramos teléfono móvil como hoy! Habríamos guardado, sin duda, un gran tesoro, algo increíble hecho con un exquisito primor, amor, de- voción. La puerta de la calle abierta de par con garbanzos tostados, tradiciones am- bas que aún perviven en nuestro pueblo, La Solana, y seguro que en muchísimos otros de la región. Y de toda España. La exposición de las cruces suele durar todo el mes; éstas son visitadísimas. Los vecinos acuden, rezan sus oraciones, ad- miran las preciosas imágenes de escayo- la o marfil, y tantos motivos diversos de índole sacra, y dan la enhorabuena a los dueños de la casa donde han comprobado tanta piedad y tanta belleza. Y la emoción, desde luego, al filo del alma. Una Cruz de Mayo no se visita indiferentemente. Un buen amigo de Calzada de Cala- trava, que ha vuelto a sus raíces por una temporada tras “el tiempo detenido”, nos cuenta que ha visto varias cruces y nos envía alguna foto, amén de sentir no ha- ber podido vivir su célebre Semana Santa por segundo año… que nunca falta a ella. A la tercera, será. Y una buena señora de La Solana también ha tenido el detalle de mostrarnos algunas cruces de mayo, en- tre ellas la que ha vestido la Hermandad de la ermita de San Sebastián, una de las construcciones más antiguas de la villa, que nunca falta a su cita con la tradición, ¡Ah! Y otra cosa que esperamos no se pierda; nos referimos a las canciones llamadas Mayos que solían cantar los mozos, con nutrido acompañamiento de guitarras, bandurrias, o acordeones en la mágica noche del treinta de abril al uno de mayo… “Ya estamos a treinta del abril cumplido; mañana entra mayo, mayo florecido…” Conversando una vez con el gru- po musical Nuevo Mester de Juglaría, tras una gran actuación en Alcalá de Henares y otra también en La Solana, nos contaban que, en sus muchos via- jes por La Mancha, enamorados de su rico folclore, se llevaron para su reper- torio alguno de esos cantos de mayo, especialmente de Pedro Muñoz, otro pueblo donde la tradición de las cruces de mayo sigue muy viva. En tantos, en fin, celebran de este modo entrañable, místico y emotivo los mayos floridos de nuestra tierra manchega. L uis M iguel G arcía D e M ora Cruz de mayo en la ermita de San Sebastián. no sea casi nada igual… pero ya sabemos cómo son las gentes manchegas para sus arraigadas fiestas, y no tienen pereza en sacar, año tras año, tanto como guardaron madres y abuelas en aquellos hermosos baúles: Imágenes, crucifijos, relicarios, mantones de manila, encajes, plantas, flores… Recordamos cuando, al salir de la escuela, y antes –o después– de pasar media tarde en los típicos juegos de cada en par, bueno, siempre ya por estas fechas estaban así, o con la hermosa cortina, que aún se lleva, con motivos quijotescos, tan atractivas de ver y admirar. Y a la misma entrada, en el patio, majestuosa, la enor- me cruz de mayo expuesta a todos… Va- mos, desde la calle impresionaba. Y a la muchachada, y a todos los visitantes, que son muchos, se les obsequiaba, además, con algún dulce, casero, por supuesto, o

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