GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 317
Gaceta de La Solana 50 De vinos y gastronomía Cosas de la integración H e asistido, supongo que como un acto anejo a la conmemora- ción del centenario de Gaudí, a un encuentro entre las gentes de Riu- doms, pueblo natal del gran arquitecto, con una más que lucida representación de las gentes del mío, La Solana, ya que ambos pueblos mantienen, desde 1998, un sano y respetuoso hermanamiento. Resulta que una parte de la forzada y triste emigración solanera de los años 60, recaló en Riudoms, pueblo agríco- la del Baix Camp -de menos de 3.000 almas, por entonces-, donde se asentó y pervive aún un conjunto de familias manchegas que, con el pasar de los años, han conformado un muy nutrido tropel de solaneros -con sus sucesores- enraizados ya en estos lares e integrados en esa nueva cultura. Lo que no impide que muchos aún mantengan un inter- mitente contacto con La Solana, su pue- blo de origen, ya que hay no pocos Ma- rín, Romero de Avila, García-Abadillo, Antequera, Montalvo... Como soy un curioso impertinen- te, acudí a esa cita con el cabal interés de observar el talante de la relación entrambas comunidades, y me alegré sobre manera por el grado de convi- vencia y el cruce familiar que se intu- ye y palpa en el ambiente del pueblo. Deduje que el laborioso afán -entonces agrícola- de mis paisanos, el compartir idéntica religión, y los usos comunes entre gentes de secano, obrarían el mi- lagro del respeto. Esperaba que mi pueblo, La Solana, se volcara en el encuentro. Lo hizo me- jor que bien y acudió, además de con Luisa -su serena alcaldesa- y demás concejales del ayuntamiento, con un nutrido elenco de amigos de la zarzuela que se lució con una espléndida gala de actos de la Rosa del Azafrán; aunque, como irredento defensor que soy de todo lo que sea de mi pueblo, me fal- tó nuestro vino y el queso. Eso sí, hubo chocolate de la gigante mona “Gaudí” -en tamaño real- para todo el mundo. Por cierto, uno, que a veces linda con zascandil, aprovecha el enuncia- do del articulo y envidia esa evidente complicidad que comparten los casi ¡500! sucesores de aquella sufrida saga solanera que, por caprichos del desti- no, se injertó en lejanas tierras. Y lo hago por un claro sentido de solitud de saberme, aunque soy más que acep- tado -en Vilafranca-, me siento, de alguna manera, entre extraño y ajeno -que yo sepa soy impar solanero en el Penedés y, muy posiblemente, el único Velacoracho en Cataluña, Aunque mi caso personal -el anclaje en esta -entonces- aventajada tierra- fue más cómodo y amable que el de mis sufridos paisanos de Riudoms -hablo y escribo en los periódicos, conozco muy bien su historia, voy a su universidad, y doy conferencias en catalán-, manten- go firme un resquicio de inmarchitable afecto por mi patria chica. Y es que soy un único, pero duro islote solanero en este levantisco y vasto piélago que me rodea y embarga -con el que tam- bién convivo-. Aunque, ni por esas, me achanto y aún menos me diluyo,.. y eso que, como único sostén que me ampare, sólo cuento y me aferro a mi pertinaz lengua, al noble y resuelto castellano... Con él, me despido y al fin... concluyo: jamás seré mansa tierra conquistada y, tampoco sufriré la afrenta ni el desmán, de que alguien pueda decirme: ¡calla!, que eres un... ¡renegado rufián! J esús V elacoracho J areño La ACAZ interpreta El Sembrador en la última visita a Riudoms.
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