GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 317

Gaceta de La Solana 28 Entrevista Rompiendo rutas y prejuicios María Dolores García de Dionisio es camionera de profesión, un mundo históricamente dominado por hombres V erónica R uiz -P einado E n un mundo donde durante décadas el volante de un camión parecía reservado casi en exclusiva a los hom- bres, la historia de María Dolores García de Dionisio demuestra que no hay carreteras vetadas cuando hay decisión. Su trayectoria no solo suma kilómetros por toda Europa, sino también una lección de esfuerzo y valentía. Su entrada en el mundo del transporte llegó en un momen- to de cambio personal y laboral. Tras años trabajando en una fábrica de confección y ante la falta de oportunidades, decidió dar un giro a su vida. Influida también por el entorno más cer- cano, ya que su marido se dedicaba a este sector, se animó a sacarse los carnés necesarios y a ponerse al volante. “No tenía trabajo, me gustaba este mundo y dije: ¿por qué no voy a po- der?”, ha asegurado a GACETA. Así comenzó un camino que, como ella misma reconoce, no fue fácil desde el principio. Los inicios estuvieron marcados por la tensión, el miedo y la in- certidumbre. Recuerda especialmente el transporte de carne colgada, una carga inestable que hacía balancear el remolque y que convirtió sus primeros meses en una experiencia dura, incluso entre lágrimas. Con el tiempo, aquella inseguridad fue dando paso a la ex- periencia. Tras varios años transportando carne, dio el salto al pescado, sector en el que ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional. Hoy acumula rutas por media Europa: Italia (de norte a sur), Alemania, Inglaterra o Francia forman parte de un mapa vital que ha ido dibujando kilómetro a kiló- metro. Viajar, conocer otros lugares y otras culturas es, precisa- mente, uno de los aspectos más gratificantes de una profesión que, sin embargo, también muestra su cara más exigente. Ser camionera no es solo condu- cir. Es vivir durante semanas en la carretera, con jornadas que rozan el límite de lo permitido, pocos des- cansos y una rutina marcada por el reloj y las entregas. Lola nos des- cribe un día a día en el que apenas hay tiempo para detenerse: condu- cir, descansar en el propio camión, volver a conducir y continuar has- ta completar rutas interminables. Tres semanas fuera de casa y apenas unos días de descanso resumen un estilo de vida que exige sacrificio constante. Entre las mayores dificultades, destaca algo tan básico como la hi- giene. Las duchas en áreas de ser- vicio, muchas veces en condicio- nes precarias, o la imposibilidad de asearse con regularidad convierten lo cotidiano en un reto. También recuerda como uno de los momentos más duros el enfrentarse sola a la carretera en sus comienzos, con apenas días de experiencia, o maniobras complicadas como acoplar el camión en un muelle bajo la mirada de otros conductores. Más allá de los kilómetros, si algo le ha enseñado la carretera es a valorar lo esencial. Un baño, una ducha, una comida caliente además de apreciar el tiempo con los suyos. Todas estas cosas adquieren un signifi- cado distinto después de semanas fuera. Sin embargo, lejos de rendirse, ha seguido adelante en un entorno tradicionalmente masculino en el que, según cuenta, nunca se ha sentido rechazada de forma directa. Al contrario, en muchas ocasiones ha recibido reconocimiento y apoyo. Su experiencia rompe así con ciertos estereotipos y demuestra que la capacidad no entiende de género. “Es un trabajo duro, pero igual para un hombre que para una mujer”. Ese mensaje es, precisamente, el que ha llevado a que su trayectoria haya sido reconocida con el Premio Conrada Serrano, un galardón que pone en valor su papel como re- ferente en la lucha por la igualdad. No solo por ejercer una profesión poco habitual entre mujeres, sino por hacerlo con naturalidad, constancia y pasión. A quienes, especialmente mujeres, se plantean seguir sus pasos, les lanza un mensaje claro: “Intentadlo, no os dejéis llevar por prejuicios y entended que el transporte, pese a su dureza, también es una puerta abierta al mundo”. Porque al final, como demuestra su historia, no hay oficio de hombres o de mujeres, sino caminos que se recorren con decisión. María Dolores frente a su camión.

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