GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 317
Gaceta de La Solana 10 Ha sido noticia Bailar con alma solidaria Diego Mateos-Aparicio cumple diez años al frente de ‘Nuevo Ritmo’, consolidando un proyecto de baile y compromiso social A urelio M aroto L a gente empieza a llegar al Tomás Barrera. Es temprano y la sala res- pira ese silencio previo a las gran- des citas antes del ensayo general. En unas horas, “Nuevo Ritmo” celebrará su décimo aniversario. Diez años caben en un suspiro cuando se miran hacia atrás, pero pesan como una vida cuando se han construido desde cero, con las ma- nos, con los miedos y con una convic- ción casi obstinada: que bailar también puede ser una forma de ayudar. Diego Mateos-Aparicio (La Solana, 1993) se emociona al recordarlo. No es un gesto impostado, sino algo que le brota, que le interrumpe en su conversa- ción con GACETA: “Estamos aquí para ayudarnos”, dice. Quizá por eso “Nue- vo Ritmo” no se entiende solo como un negocio. Es una extensión de quien lo levantó. Diego no tenía un camino marcado hacia la pista de baile. Sus pri- meros pasos apuntaban al mundo de la aviación. Estudió mecánica de aviones, pero la crisis económica de 2008 ce- rró muchas puertas, y una de ellas fue la suya. Se refugió entre los hornos de la panadería familiar mientras volvía a “salir el sol”. En ese cruce de caminos nació la idea: crear un espacio donde el baile fuese algo más que pasos encadenados. Invirtió todo lo que tenía, 70.000 euros, con el apoyo de sus padres y de su propia pareja, María Jesús. El 25 de abril de 2016, con el hor- nazo entre las manos, “Nuevo Ritmo” le- vantó por primera vez la persiana. Lo que vino después no se puede medir solo en números. En seguida llegaron alumnos, más cursos, más estilos... El salón empezó a llenarse de vida, de tardes frenéticas, de cuerpos que aprendían a disfrutar bailan- do. Pero lo verdaderamente distintivo fue otra cosa: la implicación social. Cada año, “Nuevo Ritmo” ha organi- zado actos benéficos. Clases, galas, mas- terclass en el parque, eventos en la caseta municipal… siempre con un objetivo que iba más allá del baile. Ahí –nos dice- está una de las claves de estos diez años. “No solo hace falta el dinero”, insiste. Y lo ex- plica sin rodeos: “Lo importante no es cuánto se recauda, sino lo que se genera”. “Los padres que hacen lo posible por los niños, la gente que viene… solo con eso ya está hecho”. En una época donde todo parece cuantificarse, sumirada rompe esa lógica. Habla de emociones, no de cifras. Hay recuerdos que quedan especial- mente grabados. Menciona, sin dudar, a los chicos del centro ocupacional. “Te ha- blan de una manera pura”. Y en esa frase hay una enseñanza que ha ido calando con los años: a menudo quienes reciben son también quienes más dan. El camino, claro, no ha sido lineal. La pandemia golpeó con fuerza. Seis meses sin actividad, sin ingresos, con el salón cerrado y la incertidumbre colándose por cada esquina. Tiempos duros, de esos que hacen tambalear cualquier proyecto. Pero también ahí apareció la otra cara de “Nuevo Ritmo”: la comunidad. Cuando las puertas volvieron a abrirse, la gente re- gresó. Ymás que un alivio económico, fue una confirmación. El proyecto no era solo suyo; era de todos los que lo habían hecho suyo con el paso de los años. Tras este décimo aniversario, la pregunta es inevitable: ¿y ahora qué? “Me dejo llevar”, reconoce. Hay una idea clara: quiere vivir de esto. Para eso es instruc- tor nacional de zumba. Y mientras sigue bailando y sigue enseñando, no olvida su máxima: seguir ayudando. Quizá esa sea la clave de su historia. Diego Mateos-Aparicio en la escalinata del Tomás Barrera antes de celebrar el aniverrsario.
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