GACETA DE LA SOLANA NÚMERO 316
Gaceta de La Solana 39 Reportaje Preservar la memoria Lo que más le emociona es la conexión que generan sus maquetas con la gen- te. Vecinos, amigos y familiares cono- cen bien su forma de trabajar y saben que detrás de cada edificio en miniatura hay horas de silencio, constancia y cari- ño. Cada obra es también un homenaje a La Solana, un modo de preservar su memoria y de dejar un legado tangible para futuras generaciones. Entre car- tones y tijeras, Ángel no solo constru- ye edificios, sino también puentes de historia, memoria y afecto que recorren la localidad, de calle en calle, de plaza en plaza, haciendo que La Solana co- bre vida a través de sus manos. Y así seguirá mientras siga soñando. A veces dormido, a veces despierto. Disciplina silenciosa Su pequeño taller en casa es un parti- cular santuario. Tan pronto te encuen- tras una diligencia como un perchero, o hasta un tricornio. Y destaca un re- ciente guiño a la Semana Santa, ya que ha recreado los pasos de la Virgen de la Esperanza, Jesús Rescatado, Santo Se- pulcro y Virgen de las Angustias. “Una para cada cofradía, que no se enfaden”, bromea. Cartón, tijeras, cuchillos, alica- tes y palillos se mezclan con el aroma cálido de la estufa, mientras sus manos trabajan con precisión casi ritual. “En- ciendo la estufa, me siento cómodo y me pierdo en mi mundo”, dice Ángel. Allí encuentra equilibrio entre concen- tración y calma, una disciplina silencio- sa que también funciona como terapia. Su mente sigue activa incluso en sue- ños: muchas veces imagina la maqueta siguiente mientras duerme, y al desper- tar recuerda cada detalle con sorpren- dente nitidez. Gracias a su memoria fotográfica, puede reproducir con exac- Miniatura de la fachada del Casino 'La Unión'. titud lo que vio hace años o lo que soñó, sin depender de fotos ni planos. “Todos los días avanzo un poco; no me gusta dejar nada a medias”, asegura. Monitor y carnavalero Ángel también es monitor del curso de manualidades del Centro de Mayores, donde guía a una decena de alumnos. Juntos construyen botelleros, servilleteros, centros de mesa y, a veces, proyectos más ambiciosos, como un pequeño tractor. Para él, enseñar es otra forma de transmitir paciencia, creatividad y amor por el detalle; cada sonrisa o logro de sus alumnos es un nuevo motivo para seguir creando y compartir lo aprendido tras años de práctica. Carnavalero de toda la vida, recuerda con cariño sus primeros pini- tos en la peña Pizca más, pizca menos. Le pidieron recrear a la diosa Cibeles para el desfile de carrozas y lo vio im- posible, pero una noche soñó cómo hacerlo. “Cogí mis trapos de pintor y saqué los leones, el oso y el madroño, y la Cibeles”. “¡Ganamos el primer pre- mio!”, recuerda con orgullo.
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