GACETA DE LA SOLANA 315

Gaceta de La Solana 51 Reportaje pre visible, no siempre comprendido. “Te ven arreglada, y con la sonrisa puesta, y es muy fácil decir: ‘si a esta no le pasa nada’”. Las crisis más duras se quedaban en casa, lejos de las miradas, sostenidas por su marido y sus hijos. Paradójicamente, ca- minar es parte de su tratamiento. El movi- mientomejora la espondilitis, y su trabajo la obliga a estar activa. “Cuando estoy de allá para acá es como que mi cuerpo se activa”. Hay cansancio, claro, y paradas necesarias, pero también una sensación de estar haciendo algo bueno por su salud física y mental. “Hay días en los que no tengo fuerzas ni para salir de casa, pero siempre encuentro una motivación para tirar para adelante”. Se levanta a las siete y media de la mañana y no se acuesta hasta cerca de la una de la madrugada. La jornada labo- ral se reparte entre la mañana, de nueve a dos y media, y la tarde, de seis a ocho. Domingo y lunes son sus días libres, aunque eso no significa descanso abso- luto. Antes y después del ‘cupón’, hay otra vida (la casa, las compras, el cuidado de sus padres…) Su zona de ocupación es la Plaza Ma- yor y alrededores. “Hay que dar muchas vueltecitas”. Terrazas, bares, encuentros fugaces. Ofrecer el cupón a quien desa- yuna, a quien se toma una caña, a quien pasea sin prisa. En La Solana hay cinco vendedores de la ONCE: cuatro hombres y ella. Cada uno tiene su área asignada. “Nunca los he visto como competencia, para mí son compañeros”. La acogida fue muy buena desde el primer día. “Estoy muy satisfecha de cómome recibieron to- dos mis compañeros, y especialmente de Luis Almarcha”. Clientes, historias y complicidades Sus clientes tienen un perfil muy va- riopinto. “Cada uno es un mundo”. Está quien compra el cupón diario, quien sólo juega el viernes o el fin de semana, y el que no falla ningún día jugando siempre el mismo número. Luego están esos otros compradores esporádicos, que dejan una frase grabada. “Te lo compro porque eres tú”. Para Agustina, esas palabras justifican una jornada entera. Sí observa diferencias entre hombres y mujeres. Ellas suelen optar por el cupón diario o algún rasca pequeño. Ellos se animan con rascas de mayor importe, sobre todo los fines de semana. Los productos han crecido, las opciones son muchas, pero no todos las conocen. “La gente mayor está hecha a su cupón diario; los jóvenes sí conocen los rascas y los nuevos juegos”. Su zona de ac- ción es más de cupones que de apuestas. El buen tiempo ayuda, y los días festivos, con las terrazas llenas, mientras que el in- vierno exige más tiempo y paciencia. “En días normales tengo que caminar mucho para hacer venta”. La lluvia también fre- na la afluencia de clientes, y por ende, las ventas. La ilusión de dar un premio Todavía no ha dado un gran pre- mio, pero lo ha rozado. Hace unos meses repartió las cuatro cifras de un sueldazo de domingo: 200 euros por cupón. “Sólo faltó el primer número para haber dado 20.000 euros”. Otra vez, ‘bailó’ el número del medio y dio un premio de tres cifras. También han salido de sus manos dos premios de 1.000 euros en rascas. La ilusión si- gue intacta. “Sueño con dar un pre- mio gordo, y más pronto que tarde será realidad”. Lo imagina como una alegría colectiva y una justicia social. “Pienso muchas veces que debería to- carle a quien de verdad lo necesita, a quien te compra un cupón cuando no está muy sobrado”. Dar un premio no es sólo una cuestión económica, es algo más. “La ilusión es de todos los días, no sólo para el que compra, tam- bién para nosotros que vendemos. Te levantas pensando: a ver si es hoy”. Sentirse querida Después de año y medio en el oficio, Agustina repite con especial emoción el cariño recibido. “Me siento querida por gente que ni co- nocía”. Para alguien que pasó malos momentos en casa por la enferme- dad, ese contacto humano es una victoria cotidiana. “No me da ver- güenza acercarme a la gente, todo lo contrario”. Al principio temía al TPV, y confiesa que le quitó el sueño. Pero la calle no le pesó, sino todo lo contrario. “Cuando hablo con la gen- te, incluso los dolores parecen me- nos”. Escuchar también forma parte del oficio, sobre todo a los mayores: “Aunque ese día no te compren, tie- nes que escucharles; confían en ti y tienen mucho que enseñar”. Una anécdota resume bien la con- fianza que se teje en la calle. Un día se le cayeron varios cupones sin darse cuenta. Un cliente los recogió y se los devolvió. Ella, agradecida, le regaló uno. Gestos pequeños que hablan de algo más grande. La empresa ha sido, en sus palabras, un apoyo real. Cuando la salud de su padre se ha complicado, ha tenido comprensión y puertas abiertas. “Nunca he recibi- do presión. Todo han sido facilida- des”. A día de hoy, sigue sin olvidar que aún no es fija, que la estabilidad llegará con el tiempo. Tras año y me- dio como lotera, disfruta el presente. De momento, sólo tiene palabras de agradecimiento y lanza un mensaje sincero a quienes compran cada día, a quienes confían, a quienes mantie- nen viva la ilusión. Agustina reparte el cupón diario

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