GACETA DE LA SOLANA 315
Gaceta de La Solana 50 Reportaje Entre cupones, ilusión y sonrisas Agustina Jareño es la primera mujer de la ONCE en La Solana. Otro techo de cristal que se rompe G abriel J aime A las nueve de la mañana, cuando La Solana empieza a despere- zarse, una chica recorre la Plaza Mayor con paso constante. Camina, se detiene, sonríe, ofrece un cupón. No hay prisa, pero sí constancia. En cada gesto se adivina una historia personal hecha de esfuerzo, dolor aprendido y una ilu- sión perseverante. Agustina Jareño llegó a este trabajo casi sin darse cuenta de que estaba haciendo historia: convertirse en la primera mujer vendedora de la ONCE en La Solana. Ella misma lo cuenta sin solemnidades a GACETA. “Simplemen- te, vi que era una oportunidad de traba- jar, hasta que el día a día me llevó a decir: ‘ostras, que soy la primera lotera’”. Agustina nunca se había imaginado con el chaleco verde ofreciendo núme- ros cargados de esperanza. Con una dis- capacidad y dos enfermedades crónicas a cuestas, el empleo parecía un terreno lleno de barreras. Sin embargo, una oferta de trabajo como vendedora de la ONCE Agustina Jareño, en la Plaza Mayor cambió el rumbo. Leyó los requisitos y los cumplía. Dudó, como se duda siempre ante lo desconocido, y lo habló en casa. Su marido, Juan Alfonso, fue quien vio más allá del papel. “Me dijo que reunía un re- quisito que no aparecía en las bases: que me gusta la calle y hablar con la gente”. Ese comentario fue el empujón definitivo. Se apuntó al proceso y empezó la espera has- ta que, por fin, sonó el teléfono. “Me pre- guntaron si seguía interesada. Les dije que sí y automáticamente me dieron cita para la entrevista en Alcázar”. Tras pasar todos los procesos, llegaría la pregunta clave. Elegir quedarse “Cuando te preguntan dónde te gustaría trabajar te dan tres opciones”. Agustina no dudó. En primer lugar, su pueblo, La Solana. “Había compañeros que preferían irse fuera, pero yo lo tenía claro”. Membrilla y Manzanares com- pletaron la lista, siempre pensando en la cercanía, en su familia, en una vida que exige conciliación. La suerte estaba echada y el destino también. “Cuando me dijeron que trabajaría aquí, mi pri- mera frase fue ‘me ha tocado la lotería sin echarle’”. Volver a sentirse útil y ac- tiva fue una sacudida emocional. “Psi- cológicamente necesitaba salir de casa y ponerme a trabajar”. La vida de Agustina está muy ligada con las dolencias y el malestar. Primero llegó la espondilitis anquilosante, y más tarde, le diagnosticaron la enfermedad de Crohn. Dos padecimientos crónicos que no sólo afectan al cuerpo, sino que limitan sus funciones laborales. “Cuan- do me lo diagnosticaron el Crohn lo pasé mal, pero estaba más fuerte que cuando me dijeron lo de la espondilitis, reconoz- co que me afectó muchísimo psicológi- camente”. El dolor es un compañero habitual. “Para mí el dolor forma parte de mi vida y he aprendido a vivir con él”. No siem-
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